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Reconoce Patricia Villanueva que golpeó a Marisela Adame por celos

Marisela Adame, con su hija mayor

*Sólo aclara que no fue en la casa de la agraviada, sino afuera

*Deslinda a la síndica procuradora del conflicto, pero afirma que ésta las obligó a tomar un acuerdo en su oficina, advirtiéndoles que de lo contrario pasaría el caso al MP

*Por su parte Marisela Adame afirma que no está denunciando a Patricia, sino a la síndica procuradora, por sus abusos como autoridad. Sostiene: “Sigo a Cristo y nada me hará mirar atrás”

PATRICIA GARCÍA DÁMASO
AURE LUZ MARICHE
MARQUELIA, GRO.


La señora Patricia Villanueva Montes, vecina de la cabecera municipal de Marquelia, acusada de golpear a la señora Marisela Adame, misma que se quejó ante este medio por la viciada intervención de la síndica procuradora en el conflicto, dejándole a ella toda la responsabilidad e incluso obligándola a pagar la cantidad de mil pesos, aceptó que sí golpeó a su contraparte, porque se lo merecía.
Patricia Villanueva se presentó a la redacción de este medio de comunicación solicitando su derecho de réplica, y dio su versión de los hechos denunciados en la edición del 22 de marzo, en este medio de comunicación.
De entrada, Villanueva Montes explicó: “La reportera que le hizo la nota le hubiera preguntado por qué fue el pleito, por qué la agredí; le hubiera dicho que se metió a mi casa a revolcarse con mi marido, por eso yo le reclamé. En la nota dice muchas mentiras; por ejemplo, dice que yo me metí adentro de su casa; ¿saben dónde fue el pleito? A un lado de Nena, ella vio, Nena fue testigo de que yo no metí a su casa a agredirla como dice ella de que yo me metí a su casa a agredirla, eso no fue cierto. Ahora dice que yo ante la síndica, tú sabes que cuando te dan a firmar un documento lo tienes que leer; a nosotras nos leyeron la hoja de acuerdos, la secretaria de la síndica y quedamos en un acuerdo que ni ella ni yo nos íbamos a molestar”.
Abundo el tema: “El papel está firmado por las dos; ella se comprometió a pagar mil pesos por reparación de daños. ¿Qué implica esto? Que me aflojó un diente porque no nada más fue ella a agredirme, salió su mamá y ella a agredirme. Yo iba para mi casa justo ese día que era el día de mi cumpleaños, yo iba con las compras ya como para mi casa, cuando salió ella con su mamá afuera. Andrea, sale y le dice que se aclare eso, porque yo ya le había pisado la sombra a la hija. ¿Y qué hizo la otra? Jalonearme de la blusa, porque me quería desnudar, me quería ver las chichis yo creo; me jaló bien feo de la blusa, pero como no me dejé nos empezamos a agarrar. Ahí me jaló hacia un callejón que hay por ahí donde ella vive, yo la cargaba ya casi por tirarla, va su hermano, se mete y me abraza según él desapartándonos, pero él va y me rasguña. Y el diente está flojo, yo tengo un certificado médico por el médico Marín, él me revisó. Yo fui al Ministerio Público como dice ella que la síndica dijo que nos iba a mandar al Ministerio Público; lo que pasa que a ella le habían dicho que yo sólo le estaba pidiendo mil pesos por reparación de daños, pero ella dijo que no los iba a dar porque ella alega que soy yo la que empezó.
“Vamos a ponerlo así: ¿Tú qué harías si tú te enteras que esa fulana con tu marido se revuelcan en tu casa? Quizás vas a actuar como yo, o quizás peor que yo, por la ofensa. Ella se fue a meter a mi casa; es más, delante de la síndica, del abogado que está ahí, los dos aceparon haber cometido la falta, mi marido y ella lo aceptaron. Y la señora en el periódico me hace quedar como mala, porque dice que yo la ando parando, que yo le ando gritando. ¿Tú piensas que no se merecía que la parara y le metiera unos chingadazos?
“Ahora yo quiero que saques una nota donde hace mucho esta mujer salió en una nota de cuando creo que le pegó la mujer de Martin Zavala. Búscala y sácala para que vean la clase de mujer que es, porque ella aquí dice que yo, cuando ellas fueron las que me provocaron. Y cómo no me voy a molestar, después de lo que ella me hizo. Ahora yo vine, llegamos a un arreglo de que me va a dar mil pesos; no le estoy sacando dinero, porque no le estoy pidiendo 4 mil, 10 mil pesos, son mil pesos que ella me iba a dar; hoy jueves quedó de darme supuestamente los mil pesos. Si no me los da, nos vamos a pasar al Ministerio Público; yo tengo un certificado médico de las lesiones y eso es mentira, que diga ella que la síndica la obligó. A nadie la obligó, a nadie nos obligó, las dos firmamos de acuerdo”.
Agrego: “Me hubiera gustado que la pinchi reportera que se prestó a esta pendejada, hubiera puesto aquí le hubiera preguntado a ella por qué la señora te molesta, por qué la señora te insultó; o sea, todavía ponle tú, si le hubiera dicho puta o lo que ella quiera, pero por qué”.
En todo momento negó lo dicho por Marisela Adame Baranda. “Es mentira que la síndica la iba a mandar al Ministerio Público de San Luis Acatlán. Dijo que si no nos arreglábamos ahí, nos iba a pasar al Ministerio Público, pero aquí en Marquelia no en San Luis Acatlán. Aquí en el periódico puso que yo he golpeado a otras personas por celos, pero no dice nombres, le hubiera puesto los nombres, yo no he golpeado a nadie por celos. Con ella el enojo fue porque se fue a meter a mi casa. Mi enojo fue porque todavía que hizo sus pendejadas me para queriéndome pegar con su mamá. La señora está digna porque viene a sacar una nota quemándome a mí, a la síndica. Nadie la obligó a firmar, ella aceptó. Lo que sí le dijo la síndica, que si nos pasábamos al Ministerio Público, allá no le iba a salir en mil pesos, fue lo único que la obligó. El papel no estaba elaborado, lo hicieron en ese rato y nos lo leyó la secretaria. El acuerdo fue que ni ella ni yo…si yo la molestaba, me iban a mandar a traer; o si ella me molestaba, la mandaban a traer a ella. Era entre ambas el acuerdo, no sé porque vino aquí y dice cosas que no son”.
 Aseguró que Marisela Adame Baranda aceptó su falta, pero sin dejar de habla de Dios. “Cuando a ella le dieron la palabra, lo único que hizo es hablar de Dios y que ya estaba muy arrepentida y que todo lo que estaba pasando era consecuencia de sus actos que había hecho. Ella aceptó. Los dos aceptaron ahí que sí habían hecho sus pendejadas. ¿Cómo pretende hacerse la víctima? ¿Qué yo me fui a meter con su marido a su casa? Pero, digo como ella no lo puede saber porque nunca ha tenido un marido de planta, siempre ha tenido amiguitos nada más; ahora imagínate, no es primera vez que ella se ve envuelta en este tipo de cosas. Yo quiero que se ponga la nota donde ella sale mal con la mujer de Zavala, así como puso esta mensa (que no sé cómo se llama, que se pone a poner pendejadas), ella le hubiera preguntado: ‘Oyes pero por qué la señora te agrede, por qué de esto; sólo pusieron lo que la señora viene a decir. Se deben investigar las cosas y hacer una nota bien”.
Mencionó que el propósito de aclarar las cosas era para “que no quede como una pendeja; o sea, ella aquí en la nota dice que yo me estoy haciendo la víctima y con esto la que se está haciendo la víctima es ella. Aclarar que en ningún momento la síndica la obligó. Se firmó en acuerdo mutuo. Y otra, ella frente a la autoridad aceptó haber cometido la falta”.

Marisela: “Sigo a Cristo”

En todo su relato, Patricia Villanueva Montes omitió decir que insultó a Marisela Adame en el mercadito, por lo cual la madre de ésta, quien es su comadre, la abordó para que se aclarara el problema. “Yo llegué y le platiqué a mi mamá lo que su compadre Patricia me había hecho en el mercadito; entonces mi mamá me dijo que hablara con ella y le aclarara la situación, porque de lo contrario continuaría gritándome en la calle. Es mentira que yo haya tenido amoríos con su esposo. Es más, el señor ya es grande, de unos 60 años, y es vecino de mi mamá. Si yo hubiera hecho eso, lo confieso y pido perdón. No me cuesta trabajo hacerlo, porque en mi iglesia me han enseñado que pedir perdón es una ley”.
Agregó: “Como cristiana se me ha enseñado a confesar nuestros pecados, a arrepentirnos y a no pecar más. Sólo si nos arrepentimos de las malas obras podemos continuar una vida apartada de pecado. Sé que he cometido faltas, que he ofendido a Dios, a mi familia, que he avergonzado a mis hijos. Pero sé que mi Dios ya me perdonó, porque esa es su promesa. Yo le decía de hecho que nada de lo que ella decía era cierto, pero que si en algo la había ofendido, que me perdonara. Ella me insultaba, y me decía que era una prostituta. Yo le decía, fui, pero Dios ya me perdonó. Ella me gritaba ‘¿Ah sí? ¿Y desde cuándo las prostitutas hablan con Dios. Qué ya Dios te habló y te dijo que ya te perdonó?’ En ese momento no me dejó hablar, pero a través de este medio le digo a la señora Paty que sí, sigo a Cristo y nada me hará mirar atrás, ni sus insultos, ni sus agravios. Que Dios la bendiga y le dé paz en su corazón. De mi parte no tengo nada de qué avergonzarme, porque mi pasado está enterrado. La Palabra de Dios dice que en Cristo somos nuevas criaturas y yo lo creo. Él dice ‘no me acordaré más de tus pecados’. Creo en el nuevo nacimiento espiritual de las personas. Porque si no creyera que Dios salva, estaría perdida, todos estaríamos perdidos y el sacrificio de Jesús habría sido en vano. Pero él vino para darnos vida, y vida en abundancia. Es más, yo la perdono a ella, entiendo sus celos. Perdono sus agresiones en público, lo que me grita delante de mis hijos, sus amenazas (todavía ayer anduvo diciendo que me iba a ir a golpear a mi casa); le perdono los golpes y mordidas, todos sus insultos. Sé que no le debo nada, pero aun así la perdono, porque entiendo cómo obra el espíritu de celos. ¿Qué mujer no ha sentido celos? Aprovecho para pedir perdón a todas las personas que he ofendido, como dice el Evangelio, por las cosa que hice cuando yo estaba muerta en mis delitos y pecados. Y ella sabe que también peca, todos pecamos, no hay un solo justo, pero no soy yo quien le va a recordar sus faltas. Al contrario, ella es parte de la familia, es comadre de mi mamá, pero no respeta; y desde ahora le digo que nada ni nadie curará el odio que trae en su corazón, sólo Jesús. Que se acerque a él y comience a hacer un ejercicio de perdón, porque de lo contrario sufrirá más, porque los celos son terribles y si sigue agrediendo a las personas, un día de estos dará un mal golpe y matará a alguien. Porque un golpe no mata, pero un mal golpe sí.
_¿La señora Patricia dice que usted ya ha sido golpeada, menciona a la mujer de Martín Zavala, dueño de la purificadora Tania?
_Así es, fui agredida en mi propia casa y delante de mis hijos. Entonces yo no recurrí a ninguna autoridad. Me quedé callada. No supe que hacer, a pesar de que fue un delito lo que hicieron. Si piensa la señora Patricia que no puedo hablar de este tema, sí puedo, porque ya no soy aquella mujer a la que alguien fue una vez a golpear a su casa, delante de mis hijos, con el riesgo incluso de que mi hijo mayor se convirtiera en un asesino, porque quiso defenderme.
Yo estoy avergonzada de mi pasado, no es algo que me enorgullece. Pero tengo el valor de aceptar que Dios me levantó de la inmundicia. Amo lo que ahora soy, y todo lo que Dios me ofrece: salvación, libertad y tantas otras cosas que sólo los que conocen a Jesús comprenderían. Ojalá muchas más personas pudiéramos decir lo mismo. Repito, aprovecho para pedir perdón a las personas que yo haya ofendido.
_¿Pero esta vez sí denunció la agresión de Patricia?
_Aclaro que yo no fui al periódico a denunciar a Patricia; fui a denunciar el abuso de autoridad de la síndica del municipio, la señora Lucía, porque no es su función. A mí el licenciado Rubén me dijo que la función de un síndico es conciliar, pero ella no concilió, prácticamente me juzgó ahí, sin darme la opción de defenderme, de exponerle mis razones, que yo creo que también son válidas. El licenciado Rubén dijo que él intentó hablar con la síndica, y ella no lo escuchó. El documento que me hizo firmar incluso dice que si faltamos al acuerdo, nos volverá a traer y nos volverá a multar. Por cierto, no voy a pagar la multa que me impuso, porque recurriré a un amparo en contra de ese acto, y también al Tribunal de lo Contencioso Administrativo, para exponer mi caso. No es por el dinero, porque aunque deje sin comer a mis hijos, sé pagar mis deudas. No pagaré porque es una injusticia.
“Pero mi confianza no está en la síndica, sino en mi Dios, que me ha redimido de mis pecados que son inmundos, con su preciosa sangre. Creo que la síndica está equivocada, porque no soy la única persona en este pueblo que se queja de sus arbitrariedades, de su prepotencia; como autoridad, no es su papel, sino conciliar. No humillar. Se lo digo con todo respeto y humildad. Cambie, porque un cargo es para hacer amigos, no enemigos. Cambie, señora, porque el poder se acaba. Cambie, porque usted es mujer y madre. Cambie, porque los líderes darán cuenta de sus actos, porque dice la Palabra que al que más se le dio, más se le exigió.

“Repito, no tengo la confianza en ella, sino en mi Dios. Y le informo que si continúa este acoso en contra de mi persona, recurriré a los tribunales federales para denunciar los abusos. Ya se me explicó que lo que sucedió en mi contra es un delito federal, se me canceló mi derecho de audiencia, contemplado en la Constitución, y pediré un amparo. Ya me están asesorando en eso. ¿Por qué lo hago? No por mí, porque yo ya pasé por esa humillación, y tengo fortalezas que ella no tiene. Pero hay otras personas que han padecido cosas peores, y no tienen más que llenarse de odio en su corazón en contra de la síndica. Reitero, yo la perdono como persona, pero no le permitiré avergonzarme más, ni viviré perseguida y acosada en mi propia tierra por el abuso de una autoridad. Y no es rebelión ni desacato, es un acto de justicia. Hay leyes que amparan nuestros derechos, los míos y de mis hijos, a los que como mujer sola estoy tratando de mantener de buena manera, alejándome del pecado. Ella como mujer viuda sabe lo que es ser padre y madre, y apelo a su buen juicio”.

Patricia Villanueva Montes

 
 
   

 

 

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