Contrario a lo que sea dicho de los profesores en México, en el sentido de que tienen un bajo nivel escolar, y de ahí la necesidad de someterlos a evaluaciones de manera obligatoria, un estudio de la OCDE revela que la mayoría tiene grado de licenciatura.
Sin embargo, México es un país con un bajo nivel de rendimiento educativo en los estudiantes, según muestran diversas mediciones como el “Informe PISA” o el reporte de “La curva de aprendizaje” de Pearson, lo cual nos califica ante el mundo. Por ejemplo, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), nuestro país ocupa el lugar número 48, de 65 en lectura; 51 en matemáticas, y 50 en ciencias.
También en el reporte “La curva de aprendizaje”, realizado por la firma educativa Pearson, en cuyo “Índice Global de Habilidades Cognitivas y Nivel Educativo” México aparece en el sitio 38 de 40 países evaluados, por debajo de naciones como Tailandia, Colombia, Argentina y Turquía, por mencionar algunos de los que reciben las calificaciones más cercanas a las de los estudiantes mexicanos.
¿Es esto imputable a los profesores? ¿Son flojos y acomodaticios los maestros mexicanos? Curiosamente la propia OCDE revela que los profesores mexicanos trabajan más horas frente a grupo que sus homólogos en otros países desarrollados del mundo, y en cambio tienen percepciones salariales. Sospechamos que de manera injusta, cuando se analizan estos resultados, muchas veces se menciona a los maestros como parte de las causas del problema educativo nacional, indicando que están reprobados, pero no es así en los hechos, pues en su mayoría cuentan con un certificado profesional y cursaron de manera satisfactoria sus licenciaturas.
Según cifras de la Secretaría de Educación Pública, en el Sistema Educativo Nacional hay 1 millón 842,896 maestros en todos los nivele. La mayoría de los docentes mexicanos cuentan con una licenciatura, independientemente del nivel educativo en el que den clases: 60.5% del total de maestros en el Sistema Educativo Nacional, cuenta con un título universitario, según reporte de la SEP.
Además, 8.9 por ciento de los docentes nacionales cuentan con un posgrado (maestría o doctorado); 23.3% egresaron del sistema de escuelas normales. Y realmente un porcentaje muy bajo de los profesores, sobre todo los de las zonas indígenas y rurales, tienen bajos niveles de escolaridad. Según la SEP, sólo 3.7 por ciento de ese enorme universo magisterial tiene un perfil de bachillerato; 3.2 por ciento tiene otros estudios técnicos y únicamente 0.3 por ciento apenas terminó la educación básica.
Así pues, los profesores mexicanos tienen buen nivel de escolaridad, y trabajan más que los profesores en el extranjero, aunque ganan menos. Por ejemplo, los profesores de primaria en México, según datos de la OCDE de 2010, pasan 800 horas al año en las aulas durante 42 semanas por año; en comparación, el promedio mundial es de 762 horas al año, en 38 semanas de clases.
En cuanto a percepciones, la comparación es a la inversa. El salario que reciben los docentes en México representa aproximadamente la mitad del que perciben sus colegas en el promedio de la OCDE, independientemente de la trayectoria que tengan en la carrera magisterial y del nivel educativo en el que se desempeñen. En México, un docente de primaria al comenzar su trayectoria en el magisterio gana 14 mil 302 dólares al año, y en el máximo nivel de la escala salarial podría alcanzar los 30 mil 602 dólares anuales. Comparativamente, en el promedio de la OCDE, estás cifras son de 28 mil 523 dólares al comenzar a laborar y 45 mil 100 en el tope salarial de este nivel educativo.
¿Qué está sucediendo entonces en nuestro país?
Reiteramos con base en estas cifras que el problema de la educación en México es un fenómeno complejo, en el que confluyen varios aspectos, pero sobre todo el de la pobreza (ya al grado de miseria) que aleja a los estudiantes de las aulas, o bien limita su pode cognoscitivo; la violencia intrafamiliar que siempre deja su huella en los hogares. La violencia social. La falta de escuelas en amplias zonas rurales, que acentúa el analfabetismo, como sucede en nuestra entidad.
Pero sobre todo, insistimos, el peor flagelo de la educación en México es la corrupción que envuelve al sistema educativo y que incluye a gobiernos y sindicatos, en ese orden.
Desafortunadamente, la reforma peñanietista, cuyas bondades refrendó el propio Peña Nieto, nada de estos aspectos contempla y sí en cambio sujeta a los profesores a un régimen laboral aún más adverso.
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