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El Primer Sitio en Línea de la Costa Chica

SOS COSTA GRANDE

(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

¿Qué pasó en Monterrey esta semana? ¿Qué sucedió en Columbine, Colorado, hace diez años? Imposible no enlazar ambos sucesos. Niños matando niños, y luego suicidándose.
De inmediato, la tentación es de hablar de niños problemáticos, de hogares destruidos, de “milenials” autistas de amor y carentes de afectos, por la forma en que han sido criados, con padres más ocupados en trabajar y sobrevivir en sus carreras, que en su familia.
Pero es mentira. O al menos es una media verdad. Ir hacia los testimonios de los padres de Columbine nos dará mucha luz. La madre de uno de los dos jóvenes que perpetró esa masacre estudiantil Sue Klebold, alerta sobre algo mucho más profundo cuando dice que “El amor no basta”.
Algo está sucediendo entre nuestros jóvenes, y el hilo conductor son las redes sociales. Facebook, Twitter, entre otros, están diseminando un germen de odio, de guerra, de homicidio, de prostitución, violaciones y tantas aberraciones que un niño adolescente, o cualquier joven, no debería estar conociendo y mucho menos participando.
La noche del miércoles, por ejemplo, comenzaron a difundirse capturas de pantalla de una serie de conversaciones de un sitio en redes denominado “Legión Holk”, que comenzó a seguir al hast tag #MásmasacresenMéxico, en el cual Federico González, el adolescente que disparó contra su maestra y cuatro estudiantes más antes de suicidarse, pidió la noche anterior al suceso, que dejaran sus acmin (likes) porque al día siguiente perpetraría el ataque en su escuela.
Una vez que se consumó el acto, en ese mismo sitio, los autodenominados “holkianos” comenzaron a publicar loas a “Fede”, llamándolo valiente entre otros calificativos. Incluso un internauta hizo un retuit de un mensaje de Federico que decía: “Hermanos holkeanos los espero en el infierno”.
Lo más grave de todo esto es que al parecer la secuela de matanzas estudiantiles o de personas civiles continuará, porque un usuario denominado #ElizaHutcherson anuncia: “Gracias a Fede por hacer esto posible (corazón) quien será el siguiente valiente? Esta noche se hará el sorteo! Qué emoción!”.
Otro llamado Juan Faick, posteó: “Apoyemos al holkeano Federico por su valentía hoy en Monterrey”.
Hutcherson agrega: “Chavos esta noche es el sorteo para elegir al próximo valiente no se lo pierdan, podría ser el afortunado 1 de nosotros”….y agrega en otro envío: “Denle acmin (like) a Fede, se la rifó el we, ya sentía que le daban ban v:”
Dany Holker escribe: “El mejor desenlace que he visto. ¿Dónde esta el acmin de este holkeano?”
Es decir, que lo ocurrido en Monterrey no se trató de un hecho aislado. Tampoco es producto de una mente loca ni de un joven con problemas mentales. Se trata de un complot diseñado y madurado por alguien o por muchos, que han estado usando las redes sociales como fuentes de reclutamiento.
Por lo tanto, la lección para padres de familia y maestros es una mayor vigilancia y participación en la educación de nuestros hijos. Sobre todo, se impone la revisión de sus redes sociales, sus contactos, sus actitudes y comportamientos. Sujetarlos a una disciplina de autoridad y obediencia, y abrirnos lo suficiente para que tengan confianza en nosotros para que nos cuenten sus preocupaciones.
Sin embargo, algo me dice que estamos ante algo más grande que los esfuerzos que una familia puede hacer para rescatar a un joven que está preso en las garras de estos grupos autodenominados “autistas sociales”, como ha venido sucediendo desde hace tiempo en los Estados Unidos.
Llamémosle por su nombre: son crímenes premeditados entre niños y jóvenes, alentados por alguien más fuera de nuestra esfera de dominio. Son zonas de oscuridad hasta donde los tentáculos de la autoridad de los padres y maestros difícilmente puede llegar. Al contrario, ante más disciplina, mayor resistencia. Es la nueva manera de pandillerismo, el cibernético, donde el jefe de la banda es más importante que el padre o la madre, o los hermanos, o los profesores.
Estamos ante una generación rebelde, orgullosa y sin sueños, que está echando su vida, sus talentos y proyectos al caño, dejándose llevar por voces ajenas.
Hoy, supervisar el acoso escolar es ahora una prioridad. Es de extrema urgencia que el gobierno exija el refuerzo de las acciones de vigilancia, y que estos temas de la influencia de las redes sociales ya deje de ser un tabú, o algo intrascendente, y que los padres comencemos a ocuparnos de ello. La primera medida, no compren teléfonos inteligentes a sus hijos. Basta un teléfono sencillo para estar comunicado. Entregarles acceso ilimitado a internet, permite que ellos exploren un mundo para el cual no están preparados a resistir.
Algo tenemos que hacer, antes de que alguno de nosotros sea sorprendido con la noticia de que nuestro hijo o hija (no hay barreras de género en esto), cometió una atrocidad, aconsejado por alguien más, desde las redes.

 
 
 
 
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