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SOS COSTA GRANDE

(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

Los principales líderes de los grupos perredistas guerrerenses ya se pusieron de acuerdo para hacerle manita de puerco a sus líderes nacionales, que visiblemente son Alejandra Barrales y Beatriz Mojica Morga, presidenta y secretaria del PRD nacional, pero quienes en realidad responden a los intereses de los Chuchos, Ortega y Zambrano, mismos que ya estarían pactando una alianza con el PAN, de acuerdo con las denuncias del senador Miguel Barbosa.
Pero si alguien conoce los beneficios de una alianza con Andrés Manuel López Obrador –no tanto con Morena, que apenas irá a su primera elección presidencial-, son los perredistas de Guerrero. Es el Efecto Peje el que anhelan, y no les importa si ya no milita en el PRD.
En 2006 y 2012, los perredistas de Guerrero fueron sumamente beneficiados con ese padrinazgo político, pues bastaba que se supiera que López Obrador iba a la cabeza del proyecto, para que todos por de fault ganaran en las urnas.
No importaba quiénes eran los candidatos o candidatas, AMLO era garantía de triunfo, porque en Guerrero la gente está acostumbrada a votar parejo, por colores y partidos, y no suelen hacer un voto razonado.
De hecho, en la pasada elección, cuando las alianzas fueron fragmentadas –incluso por municipio-, lo que sucedió fue un desastre, porque la gente no supo cómo votar, y hubo más votos nulos que válidos.
Por lo tanto, previendo estas anomalías, lo que los perredistas de Guerrero están impulsando es que, de una vez por todas, el partido se defina si va en alianza con López Obrador, para que los electores vayan mentalizándose.
Pero, sobre todo, piden que la alianza que se trabe entre el PRD y el Morena se replique en la escala estatal y municipal, para apuntalar las candidaturas en ayuntamientos y diputaciones locales.
No olvidemos que en 2018, Guerrero renovará los gobiernos de sus 81 municipios, sus distritos electorales locales, los 9 distritos federales y a sus representantes en el Senado, además de elegir al presidente de la República, como sucedió en 2012, que fue la primera vez que se empataron las elecciones locales con las federales, con excepción de la elección de gobernador, que sigue dándose en sus propios tiempos.
Por lo tanto, una alianza con el candidato mejor posicionado es para el PRD jugar a “ganar-ganar”, en lugar de caer en el juego de Los Chuchos, que siempre juegan a ganar solos, aunque el partido pierda.
De hecho, en las elecciones de 2006 y 2012, la mayoría de los perredistas ganaron, pero López Obrador perdió. Ni siquiera en Guerrero pudo ganar, sobre todo en 2012, cuando el gobernador Ángel Aguirre Rivero trabó alianzas con el PRI, usando tarjetas Soriana, dejando con un palmo de nariz al candidato presidencial, pues sólo les importaba tener la sombra de su popularidad cobijándolos, mientras ellos, Aguirre y los principales líderes del partido, se repartían las candidaturas, en las cuales López Obrador no tuvo vela ni entierro, pese a que le quieran endilgar la candidatura de José Luis Abarca en Iguala, pues ese proyecto se lo disputaron los aguirristas contra los mazonistas, ganando éste, dado que el convicto alcalde igualteco era su amigo personal.
Pues bien, así está la tenebra entre los perredistas. Saben que no levantan bandera ni yendo a bailar a Chalma. Que el candidatito de la Barral y de la Mojica, Miguel Ángel Mancera (que por cierto tampoco es perredista), no ganaría ni en su casilla, al grado de que éste, viendo la crisis del partido que lo encumbró en la Ciudad de México, ya deslizó la posibilidad de apoyar al Peje, siempre y cuando éste le permita mover sus propias canicas.

Los líderes perredistas, que ya se unieron a los ex dirigentes del partido, empujarán fuerte y ya enviaron al CEN del PRD una carta solicitando que se tomen decisiones cuanto antes, sin prolongar más de la cuenta la incertidumbre, pues el tiempo corre en contra del partido, dada la debilidad política en que se encuentra, la falta de un candidato competitivo; y, sobre todo, por la prisa que tienen los de la base por tomar el tren que, ahora sí, dada la crisis de PRIAN, se antoja que llegará a buen puerto. Veremos.
 
 
 
 
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