Los cambios en el gabinete de Ángel Aguirre Rivero se estuvieron cocinando el pasado lunes, de acuerdo con la crónica periodística, basada en “fuentes confidenciales”, en el Palacio de Cobián, en la ciudad de México, donde despacha el titular de Gobernación, Miguel Osorio Chong, el príncipe de la nueva era del tricolor.
Mil preguntas surgen no por los cambios anunciados, ya que estos entran en el bagaje de las atribuciones del gobernador, sino por los tiempos y el escenario en el que se están dando.
¿Por qué Gobernación? Para los enterados, Osorio Chong es uno de los íntimos del gobernador Ángel Aguirre, de sus tiempos de priísta. Y hoy por hoy, más que el presidente de la República, es Osorio Chong el principal soporte del gobierno aguirrista y así mismo es su enlace directo con Los Pinos. Y qué mejor un amigo empoderado como Osorio Chong, para ser usado como la mejor guía para delinear un nuevo rostro al gobierno aguirrista en Guerrero; que, sin embargo, a pesar del cambio de caras y nombres, seguirá en la misma ruta de descarrilar a la izquierda; pero eso es lo de menos o, mejor dicho, lo mejor.
¿Y qué cree, amable lector? Los dirigentes del PRD a nivel nacional están en esa mesa, postrados ante el nuevo príncipe del priato, el supersecretario Osorio Chong (de sangre oriental en su línea materna, por cierto), dándole pauta para que se reconstruya el gobierno de Guerrero, no a partir de las premisas de la izquierda, sino seguramente para quitarle todo rasgo izquierdoso, y más bien devolverle mediante una mala cirugía estética su verdadero rostro priísta. Por ejemplo, la figura de Sofío Ramírez Hernández como secretario general de Gobierno, es sumamente endeble. De paso, ese tránsito quita a Sofío de en medio en la contienda próxima para gobernador, no tanto porque no pueda serlo, sino porque ese cargo es el de mayor desgaste político. Y si lo dudamos, veamos cómo terminó Humberto Salgado Gómez, en cuyos hombros pesa el Caso Ayotzinapa y la muerte de tres personas, que aunque ahora el gobernador diga que fueron policías federales los que dispararon en la Autopista del Sol (algo que nunca dijo mientras gobernó Felipe Calderón Hinojosa), de parte de su gobierno, en la escena la figura con mayor poder era Salgado Gómez y así obra en la indagatoria del caso.
Volviendo al tema, de este escenario se desprenden dos hipótesis: O Ángel Aguirre renovará sus votos con la izquierda, lo cual a estas alturas se antoja sumamente lejano y hasta irrisorio. O Ángel Aguirre aprovechará esta coyuntura para sacudirse a los perredistas que en 2011 le demandaron los espacios prometidos, todo con el visto bueno de Jesús Zambrano Grijalva, la principal marioneta del PRD, la misma que firmó el Pacto por México a nombre de la izquierda sin consultar con nadie.
Y de ambas, la segunda es la más acertada.
En cuanto al papel de Osorio Chong como padrino de este nuevo parto político del longevo Ángel Aguirre, de algún modo el gobierno federal le tiene que compensar a éste todas las incomodidades que le provocó la reforma laboral para el sector magisterial (que no educativa), y premiarlo porque soportó más de 2 meses de movilización de los docentes en la capital del estado, a sabiendas de que el asunto era federal, tan sólo para contener el conflicto dentro de la frontera guerrerense, mientras que a nivel nacional el gobierno peñanietista avanzaba en otra reformas estructurales.
¿Y eso, a qué le sabe a la clase política del partido amarillo, que sin pretextos y entusiasmados metieron en su casa al caballo de Troya del aguirrato?
En algún momento, quien esto escribe fui criticado por mi postura contra la llegada de Aguirre al PRD, y los propios perredistas me pedían que no fuese tan radical. Hoy, estos perredistas bajan los ojos, avergonzados. Eso fue un error histórico para la izquierda por donde se le vea. No tarda y Aguirre volverá formalmente al PRI, porque de verdad nunca se ha ido. |