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El Primer Sitio en Línea de la Costa Chica

DESPEJAR

Misael Tamayo Nuñez

En México se ha incrementado el asesinato doloso de mujeres, que en ocasiones se empata con otro delito, como es la desaparición forzada. Los medios de comunicación dan cuenta todos los días de estos crímenes, pata los que el gobierno en todos sus niveles, no tiene respuesta.
En las procuradurías estatales, se apilan los expedientes por delitos de homicidios dolosos, delitos que se investigan en el fuero común, pero sin darles el tratamiento de “feminicidio”.
El problema ha llevado a la sociedad civil a organizarse en torno a este problema, y en el escenario social se han incrementado las protestas, así como la presión para que los gobiernos de los estados recurran a la declaratoria de alerta de género, algo que el gobierno de Guerrero ya decretó el pasado miércoles 21 de junio, para 8 municipios de la entidad, los que concentran el mayor número de estos
Pero, ¿cuándo el asesinato de una mujer deja de calificarse como homicidio y empieza ser considerado feminicidio?
Expertos en la materia explica las diferencias. Homicidio es privar de la vida a una persona; feminicidio, matar a una mujer por el simple hecho de ser mujer. Es decir, es un homicidio de odio por el género de la víctima.
Ahora bien, ¿cómo determinar cuándo se da uno y cuándo se da otro? Atendiendo a la rígida conceptualización anterior, muy pocos podrían entrar en esta categoría, pues para determinar si se trató de un homicidio de género o feminicidio, tendrían que reunirse diversas características, que demuestren el odio expresado del perpetrador: la tortura, por ejemplo, acompañada de violación, mutilación, etcétera (este tipo de delitos son muy comunes en los Estados Unidos, y son cometidos por individuos con mente insana, esquizofrénicos o locos que se convierten en asesinos seriales, y que tienen un patrón muy definido de actuar).
Sin embargo, en un escenario como el de México, la clasificación cambia por la situación de violencia generalizada que existe. Los expertos coinciden en señalar que cuando se multiplica la muerte de mujeres (o de cualquier otra minoría), en algún municipio, región, estado o país, debe comenzar a considerarse que se trata de delitos de odio contra las féminas, pues hay evidencias de que ya no se trata de algo aislado y fortuito.
En el caso de México, indudablemente la mortandad que comenzó a inicios de este siglo, generalmente afectó a hombres maduros; el fenómeno fue descolgándose hacia los jóvenes. Y de ahí se dispersó al escenario de las mujeres, las niñas y niños, así como a otras minorías, como la comunidad gay, y ahora también afecta a la clase política.
De modo que sin estudiar caso por caso, los expertos consideran que en entidades, regiones y municipios, donde la muerte de mujeres sea recurrente, sin importar el patrón que sigan los homicidas y abusadores, es suficiente para considerar que estamos ante el fenómeno de feminicidio o matanza de mujeres, por razón de género.
El tema es complicado, desde el luego, pero suficiente para que el gobierno tome cartas en el asunto, y actúe para combatir y erradicar la muerte de mujeres, sin esperar a que se cumplan requisitos que en la mayoría de los casos son subjetivos. Porque, por ejemplo, la reciente muerte de la niña Valeria, en el Estado de México, que fue secuestrada, violada y asesinada y posteriormente dejado su cadáver en una combi del servicio público, usando todavía el uniforme de la escuela, ¿cómo determinar que se trata de un feminicidio? Aparentemente se configura, pero habría que indagar las razones que tuvo el hombre que cometió esos delitos, interrogarle, entender qué pasó por su mente mientras hacía semejante cosa. Someterlo a estudios psicológicos. Y ahí es donde los investigadores y los jueces podrían señalar que se trató de un delito común, y no propiamente de un delito de odio.

Por lo tanto, seguir la ruta del odio comprobado, como sugería el fiscal, no nos llevará a nada. Mientras, las mujeres seguirán muriendo, incluso asesinadas por sus novios, aunque el estilo que usen es el ya conocido de las vendettas delincuenciales. Por lo tanto, no es la forma en que las matan lo que determinar el delito. Basta que una mujer sea asesinada, y que este delito se cometa de manera reiterada en algún punto de la geografía estatal, para saber que algo anda mal, y que debe ser enfrentado.
 
 
 
 
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