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El Primer Sitio en Línea de la Costa Chica

DESPEJAR

Misael Tamayo Nuñez

El presidente Enrique Peña Nieto recibió el jueves a mediodía a los secretarios de Estado, Rex Tillerson y de Seguridad Interna de los Estados Unidos, John Kelly, con quienes dialogó sobre los acuerdos alcanzados con sus contrapartes de México, Luis Videgaray, de Relaciones Exteriores y Miguel Ángel Osorio Chong, de Gobernación.
Quisiéramos dar buenas noticias al respecto. Pero al momento de escribir estas líneas, sólo Luis Videgaray había salido a la palestra, para emitir, en una escueta conferencia de prensa, en la que no se dieron mayores detalles, que “la construcción de acuerdos” será larga.
Es decir, Tillerson y Kelly, los artífices de la persecución de indocumentados en los Estados Unidos, pero también los que en lo sucesivo delinearán la nueva política de seguridad de ese país, vinieron, dijeron y se fueron. No vinieron a negociar, vinieron a advertir.
El gobierno mexicano tiene muy poco margen de maniobra en tratándose de asuntos de seguridad. Pero al mismo tiempo es la oportunidad para desvincularnos. Y esa oportunidad será la revisión del Tratado de Libre Comercio, pues al no haber ya este instrumento, o al modificarse, automáticamente se rompe el principal vínculo que unía a ambos países para mantener una zona de paz y de control de crímenes y delincuencia.
Sin embargo, decíamos, el gobierno de Enrique Peña Nieto no es el que debe hacer esa negociación, pues llega a la mesa en una situación demasiado débil, con índices de popularidad por los suelos; pero, sobre todo, con carpetas de investigación en poder del gobierno gringo, a partir de que Joaquín Guzmán Loera “El Chapo Guzmán”, les fue entregado en bandeja de plata, a pesar de que era una ficha clave en cualquier negociación.
Ahora, los estadounidenses tienen toda la información que necesitaban, para hincar al gobierno mexicano, que no está exento de complicidades, en todos los niveles. De no acceder a sus caprichos y a los de su patrón, Donald Trump, “El Chapo”, podría ser la bomba que desintegre a la clase política que ahora nos gobierna, en medio de un mar de inmunidad e impunidad.
Por ejemplo, desde hace una semana a la fecha, la Auditoría Superior de la Federación está dando a conocer los resultados de los análisis de las cuentas públicas del gobierno federal y sus dependencias, de los estados y sus dependencias, y de los municipios. Pero hasta la fecha no hay ningún indiciado por los desvíos multimillonarios encontrados. Luego entonces, de nada sirve que los den a conocer, salvo como desvío de atención sobre problemas más graves, si no van a actuar en consecuencia.
La Auditoría debería estar denunciando ya a la PGR, a los responsables de los desfalcos de los fondos federales, tomando como pruebas sus investigaciones, en lugar de filtrar la información o hacerla pública, sin ninguna consecuencia para los involucrados.
La corrupción tiene nombre y apellido, lo mismo que los delitos, y se exige del gobierno federal que el sistema nacional anticorrupción comience por algo, pues de lo contrario será un mero elefante blanco.
Volviendo al tema de la visita de los dos grandes tiburones de la era Trump, lo menos que esperamos del acabado Enrique Peña Nieto es dignidad. Que saque la casta. Que se reinvente a sí mismo. En todo caso, que se suicide políticamente, porque de todos modos el imperio no le perdonará sus excesos, como no se los ha perdonado a nadie, desde que se inmiscuyeron en la Revolución Mexicana, aprovechando la afición de Francisco I. Madero por el espiritismo.
Peña Nieto sabe que Trump lo tiene en un puño. Quien gobierna el coloso del norte sabe cómo se financió la campaña del PRI para recuperar Los Pinos, y cómo puede, incluso, meter a la cárcel a Peña Nieto, acusándolo de delincuencia organizada, violaciones graves a los derechos humanos, entre otros pequeños delitos que son susceptibles de ser tratados en cortes internacionales.
No dudará en entregarnos, con tal de salvar el pellejo. No esperemos gran cosa de estos encuentros que lo único que sirven es para humillarnos más, pues no tenemos gobernantes a la altura del momento actual.

Y espere lo peor, porque Trump ha amenazado no sólo con enviarnos de regreso a los criminales mexicanos, sino también a los criminales de todo el mundo, para ahorrarse el costo de las deportaciones.
 
 
 
 
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