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El Primer Sitio en Línea de la Costa Chica

Asunto

Juan Lopéz

Cobardía

Amado Nervo, insigne nayarita, escribió un poema con este título: ‘Cobardía’. Lo adjudicará al hecho de no atender a los latidos del corazón cuando vio a la dama cruzar la calle del brazo de su madre.
Pero, ¿qué relación pudiera tener esta coloquial inspiración con el ’gasolinazo’? Parece lejana la correspondencia o, quizá no la tenga, pero la tiene. El motivo es facilísimo: al niño le duele la mano, si se la cercenamos el dolor desaparece en automático. Igual: hace falta dinero en las arcas públicas y los teóricos financieros, los mentores de la economía global, los sabios que se graduaron en Manchester o Harvard con diplomas extraordinarios, luego de enloquecedoras sesiones de meditación y reflexiones encontraron la respuesta a la cuadratura del rombo: subimos los precios a las gasolinas, se acopia dinero fresco del consumidor y resolvemos la insolvencia del erario.
Como si no existieran alternativas. Tal fuera la suerte de estar en un callejón sin salida. Una batalla igual a la de Las Termópilas donde seremos vencidos pese a cualquier milagro. No existe otro remedio para aliviar el dolor de la mano del infante más que el de amputarle el brazo. Lo que equivale a tirar el agua de la tina con todo y bebé.
Los expertos de las élites financieras, los catedráticos sumun cum laude, los varones del sector económico ganan millonadas de pesos anuales por sus valiosos conocimientos al servicio de la Patria. Aquí es donde se ajusta el sustantivo de Amado Nervo ‘Cobardía’.
Todos ellos -los prohombres de la globalización monetaria-, son huérfanos de pantalones. No tienen valor, ni audacia, ni hombría, ni valentía.
No se atreven a tocar ni con el pétalo de un maguey las canonjías de los líderes obreros de las magnas empresas públicas y privadas. Sí, Elba Esther Gordillo ya está en la cárcel, pero el piélago obsceno de sus fechorías se encuentra intacto con otros suplantadores que parecen verdaderas alimañas.
Existe un despilfarro permanente en el gasto público, empezando por lo que se embolsan -que no ganan-, los Ministros de la Suprema Corte de Justicia. Más de medio millón de pesos mensuales de ‘salario’, vales de gasolina, pago por consumo en restaurantes, un seguro de salud y de vida especial, renta del domicilio en que viven, vacaciones, patentes de notarías, jubilación asegurada, boletos de avión, peaje de autopistas y bonos secretos que se reciclan cada fin de año, así como esos ’aguinaldos’ ofensivos que ellos mismos se autorizan sin ningún sustento legal.
Pero estas trapacerías no son de la incumbencia de ninguno de los Jefes de Estado que hemos sufrido desde Porfirio Díaz –Él sí que era honrado-. Si frenamos el derroche de magistrados, de senadores y diputados federales, de consejeros electorales, legisladores locales, de embajadores en el extranjero, de coyotes, síndicos y regidores. Si eliminamos las prerrogativas a los partidos políticos, a Conaculta, a secretarios del gabinete, a constructores deshonestos, entonces, no habría ninguna necesidad de aumentar el precio de las gasolinas.
Entonces entra al quite el verso de Amado Nervo: Cobardía. Ningún hombre del gobierno ha osado -ni podido ni querido-, desmantelar la voracidad de nuestra clase política que ha acumulado durante un siglo una serie de depredaciones contra la economía nacional.
PD: ‘Pero tuve miedo… de abrir mis heridas’: Amado Nervo.

 
 
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