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Razones

Jorge Fernández Menéndez

El nombre para la alianza PAN-PRD

Si el Partido de la Revolución Democrática y el Partido Acción Nacional hubieran ido juntos, aliados, en el Estado de México, con una candidatura viable para las estructuras de ambas fuerzas políticas, hubieran ganado las elecciones sin demasiado problema. No lo hicieron porque ambos se jugaban demasiado en esos comicios, pero, sobre todo, porque no encontraron ningún nombre que, por encima de las militancias partidarias, pudiera unificar esa alianza.
Por eso el anuncio de que esos dos partidos buscarán un frente amplio para los comicios presidenciales del 2018 no suena en absoluto descabellado. Se requieren y necesitan frentes amplios para participar en la elección presidencial, sobre todo, si en las pocas semanas que quedan antes del inicio formal del proceso no se encuentra una fórmula que permita instaurar la propuesta de la segunda vuelta con gobiernos de coalición que, sin duda, sería la más benéfica para la búsqueda de auténticos consensos. Es mejor porque podría permitir no sólo una alianza entre algunos partidos (lo que tampoco quedaría descartado por la existencia de la segunda vuelta), sino también toda una serie de acuerdos mucho más amplios para la gobernanza.
Gobernabilidad y gobernanza no son lo mismo, aunque la primera está incluida en la segunda. La gobernabilidad comprende los mecanismos, procesos e instituciones que determinan cómo se ejerce el poder, cómo se toman las decisiones sobre temas de inquietud pública y cómo los ciudadanos articulan sus intereses, ejercitan sus derechos, cumplen sus obligaciones y median sus diferencias. La gobernanza designa la eficacia, calidad y buena orientación en la intervención del estado, e implica una nueva forma de gobernar en el contexto de la globalización. Implica intervenir en esos mismo sentidos de eficacia, calidad y buena orientación en el sector económico pero también social y de funcionamiento institucional, esencialmente en la interacción entre sus distintos niveles, sobre todo cuando se tiene grandes acuerdos globales, hacia arriba, como el TLC, pero simultáneamente, una descentralización del poder hacia abajo. Es una forma de integrar lo público, lo privado y lo social. Las alianzas para una elección garantizar la gobernabilidad, la segunda vuelta con gobierno de coalición están mucho más cerca de garantizar también la gobernanza. No es una distinción menor.
Por lo pronto y ante las resistencias para sacar la segunda vuelta (mismas que aún se pueden vencer), la posibilidad de grandes alianzas para el 2018, como de la que hablaron Ricardo Anaya y Alejandra Barrales, es un enorme avance porque permite comenzar a dejar en claro quiénes juegan y para qué en los diferentes partidos. En primer lugar, me parece una respuesta a la impertinente y autoritaria declaración de López Obrador que les daba hasta mañana martes al PRD y al PT para declinar sus respectivas candidaturas en el Estado de México en favor de Delfina Gómez, si querían una alianza de izquierda en el 2018. Dijo que quería, además, que esas declinaciones fueran “sin condiciones”, o sea que más que una alianza lo que busca es una rendición.
Relacionado con ello, mostrará a quienes están jugando contras dentro de su propio partido. En el Partido de la Revolución Democrática el caso más notable es la influyente corriente de René Bejarano, quien inmediatamente se declaró en contra de la alianza con el Partido Acción Nacional y llamó a una con Morena: Bejarano siempre ha trabajado para López Obrador.
Hay que dejar en claro que la alianza del PRD con Morena no implica una alianza de izquierda. Como bien le dijo Juan Ramón de la Fuente a Bibiana Belsasso en Todo Personal esta misma semana “los temas progresistas, liberales, no están en la agenda de López Obrador”. Al contrario, su agenda es cada más más conservadora, religiosa y autoritaria. Sin duda, habrá sectores en la derecha del PAN que se persignarán ante la posibilidad de una alianza con el PRD. Está bien: como los morenistas del sol azteca, los persignados del Partido Acción Nacional pueden, si quieren, quedar fuera de ella. Lo importante es que se trate de una alianza básicamente liberal, y los dos partidos tienen raíces, provenientes de diferentes fuentes, sólidas en ese ámbito.
Ahora bien, en nuestro peculiar estilo político, una alianza de esas características sólo puede establecerse si hay un nombre que la encabece que dé por sí mismo el margen para ese acuerdo. Veo difícil que pueda salir de la militancia partidaria. Tendrá que ser un independiente, un hombre o mujer que pueda transitar en un espacio mucho más amplio que el de los partidos y que sea, por sí mismo, un liberal. Que garantice la gobernabilidad, pero también la gobernanza. No son muchos los que están a la mano para esa tarea, pero me parece que en ese terreno Miguel Ángel Mancera tiene un perfil mucho más cercano a lo que se busca que cualquier otro. Hay otros (De la Fuente,
Alejandro Martí) y hasta Rafael Moreno Valle, quien podrían estar en esa lógica.

Falta mucho para julio del 2018, pero la hora de las definiciones se acerca. No puede pasar de octubre próximo.
 
 
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