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Razones

Jorge Fernández Menéndez

El PRI muestra sus cartas

 No hubo rupturas ni divisiones, nada en el Palacio de los Deportes pareció ser una reedición de la noche de los cuchillos largos. No sólo el PRI no tuvo la jornada aciaga que muchos auguraban, sino que salió fortalecido, incluyendo la dupla Enrique Ochoa-Claudia Ruiz Massieu, con un grupo sólido de posibles aspirantes a la candidatura presidencial y demostrando que en el 2018 será un competidor al que se debe tomar en cuenta.
Es verdad que al partido en el gobierno le falta aún dar el paso más difícil: designar a su candidato presidencial, pero la Asamblea Nacional lo deja en buena posición para hacerlo y, habiendo abierto los candados, otorga también al presidente Peña un abanico de opciones de las que no gozó ninguno de sus dos antecesores priistas. Esas cartas las tuvo Carlos Salinas cuando designó a Luis Donaldo Colosio en noviembre del 93, pero se quedó sin ellas cuando el sonorense fue asesinado en marzo del 94. Ernesto Zedillo, con los candados firmes, vio cómo su único candidato, Francisco Labastida, tuvo una lucha fratricida con su principal enemigo interno, Roberto Madrazo. Con Peña no será así. Tiene para elegir entre nombres que representan cosas diferentes, de acuerdo a cómo quiera el tricolor presentarse en las elecciones.
La apertura de los candados ha dejado con enorme visibilidad a José Antonio Meade y muchos han interpretado que ese movimiento en los estatutos está destinado a postular al secretario de Hacienda. Puede ser, pero también es una señal de que el PRI, no sólo en la búsqueda de la Presidencia, sino también de gubernaturas y muchos otros cargos de elección popular tiene y debe abrirse no sólo a sus militantes, sino a distintas expresiones de la sociedad. Si a finales de noviembre el Consejo Nacional del PRI se inclina por Meade será porque el partido y el presidente Peña han apostado a esa opción: a la apertura, a conjugar el PRI con otras fuerzas y expresiones. Meade  ha sido un ejemplar funcionario público en distintas administraciones y ha tenido muy buenos resultados en Hacienda, en éste y en el pasado sexenio, y representaría esa posibilidad. Con un agregado: mucho se ha hablado del margen de estabilidad que en el último cuarto de siglo le han dado al país los acuerdos entre el PRI y el PAN. ¿Cuántos votos, sobre todo panistas y más aún si Margarita Zavala no es la candidata del blanquiazul podrían ir para Meade? ¿Por cuál otro aspirante priista estarían dispuestos a votar los no priistas?
En el mismo espectro, aunque en su caso con militancia en el PRI, se encuentra José Narro Robles, aunque su perfil lo inclina más hacia la búsqueda de votos de la centroizquierda, por su firme vocación social. Es otro personaje irreprochable, y por alguna razón parece ser el que más teme López Obrador.
Pero hay quienes creen que el PRI, en un marco de apertura, tiene que asegurar primero sus propios votos para después intentar crecer hacia afuera. Eso sería, particularmente importante, consideran, si al final se concreta la alianza PAN-PRD. En ese marco hay dos nombres clave: uno es el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, y el otro es Manlio Fabio Beltrones. Guste o no a sus adversarios, lo cierto es que Osorio, sigue siendo el personaje más conocido entre los priistas para ocupar la candidatura, y está primero en todas las encuestas, aunque relativamente alejado de López Obrador y Zavala. Y ha soportado todos los vendavales, incluso los internos, y sigue ahí. Para muchos priistas es quien mejor encarna a ese partido en el gabinete.
Un papel similar, desde fuera del gobierno (y, por ende, sin asumir necesariamente esos costos), encara Beltrones, quien es además, un hombre con canales abiertos con muchos sectores. No creo que Manlio esté de lleno en la carrera presidencial, pero sí en la ingeniería política del futuro de su partido y del país.
Aurelio Nuño es una de las figuras, sin duda, más cercanas al presidente Peña. Eso implica fuerza y puede ser una debilidad. Nuño es una figura intermedia entre todos estos personajes que buscan la Presidencia. Puede ser parte de una propuesta más abierta por su juventud, pero también puede presumir de que sí es un militante partidario. En contrapartida, sus críticos dirán que quedaría a medio camino de ambas opciones.
¿Querrá Luis Videgaray participar con este grupo? El canciller ha dicho en muchas ocasiones que no, pero en el imaginario político nacional, los no muchas veces se transforman en lo contrario. Pero no creo que Videgaray esté hoy en esa lógica: tiene cartas en la sucesión y tiene en sus manos nada menos que la renegociación del TLC. No me imagino que se aboque a construir su propia candidatura.
No veo a nadie más en la baraja priista, pero con todo es mucho más amplia que la de otros partidos y le permite al PRI y al presidente Peña tener opciones diversas. Hay que insistir en un punto: luego de ganar el Estado de México y de sacar adelante su Asamblea Nacional, nadie debería subestimar al PRI para el 2018. No sé si puede ganar, pero sin duda competirá para hacerlo y tiene posibilidades.
Mucho dependerá de cómo jueguen ellos mismos sus propias cartas.

 

 

 

 

 
 
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