SOS COSTA GRANDE

(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

 

Parece que los planes del PRI de pulverizar el voto libre mandando a varios candidatos presidenciales a la guerra, no está rindiendo frutos. De lo último que nos enteramos es que el Partido Vede Ecologista de México determinó en su consejo político de pasado martes, que competirá con un candidato propio en la elección de 2018. Es decir, que por primera vez en muchos años el partido que ha venido siendo la garrapatita del tricolor, pues han estado juntos en las buenas, en las malas y en las feas, ahora pretenden independizarse e ir solo a una de las elecciones más competidas de la historia del país. Esto parece ser un contrasentido, pues lo que se esperaba es que el PRI, teniendo tan pobres candidatos (Osorio Chong nunca superó el tercer lugar y los demás ni vale la pena mencionarlos), hiciera un gran frente partidista para darle batalla al viejito del Morena, pero también al Frente de ciudadanos ilustres que acaban de crear los partidos PRD-PAN-MC. ¿Ajá? Porque sí, en efecto ese frente es de ciudadanos, pero no de a pie, sino de aquellos que están en los cuernos de la luna, comiendo de las prerrogativas que se les dan a los partidos de nuestros impuestos.
Sin embargo, decíamos, parece que el PRI no las tiene todas consigo y Enrique Ochoa Reza tendrá que ir a Cuba a meterse con Changó (allá acostumbran a ir los políticos, dicen), porque nomás no logra ni siquiera ubicar a su candidato –al único que le queda ya, y que se lo pidió prestado a la derecha; sí, al mismo que fue el autor del terrible “gasolinazo”, cuyas consecuencias estamos sufriendo de lleno los mexicanos.
Pero sobre todo, la tarea principal de los estrategas del PRI, ahora apoyados abiertamente con dos facciones del PAN, a saber: lo que queda de la locura del Grupo Fox y Martita Sahagún, y la ira del Grupo Calderón, cuya esposa ya se salió del partido blanquiazul para navegar en solitario; la tarea principal decíamos, es “tumbar”, literalmente, a Andrés Manuel López Obrador del primer lugar en la preferencia electoral, espacio que ha venido ocupando desde la mitad del sexenio peñanietista y que repuntó a partir de las elecciones de junio de 2016.
Vaya, ni un compló le ha funcionado al PRI en contra de AMLO y mucho menos la sacudida de los sismos logró siquiera despeinarlo. Al contrario de lo que sucedió con Miguel Osorio Chong, quien aunque ya estaba fuera de la jugada desde el momento en que los priístas quitaron los candados para nominar a un externo al partido, al menos por su jerarquía hubiese hecho un papel decoroso. Al contrario, Osorio Chong mostró tremendo desdén ante la tragedia y ha tenido que ser el presidente Peña Nieto en persona el que esté al frente de la atención a damnificados.
¡Caray! Tremendo lío tiene el régimen enfrente, pues todo indica que la sociedad mexicana ya no es tan manejable como en otros tiempos, y tendrán que recurrir a la caída del sistema de 1988, o al fraude cibernético de 2006, cuando metieron a fuerzas a Felipe Calderón a Los Pinos, para arrebatarle a la izquierda por tercera ocasión su triunfo.
En cuanto la liga intergaláctica antiAMLO, representada en el Frente Ciudadano por México, no contaban con la astucia de Margarita, que vino a debilitarlos, al grado de que el chico maravilla de Ricardo Anaya el Canalla anda en límites de votación comparables con José Antonio Meade, del PRI.
Bueno, al grado de que Dante Delgado Ranauro, otra de las garrapatitas del sistema, ya le está pidiendo a Anaya y a Alejandra Barrales que el Frente busque a un candidato externo. ¿Qué tal? Con esto se le borró la sonrisa a Anaya el Canalla, y también se van al carajo las aspiraciones del jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera.
Al parecer, el Frente optará por un “bueno por conocer”, que un “malo por conocido”.

Me olvidaba, les presento la encuesta de Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE); AMLO (Morena) 29.4 por ciento de intención del voto, diez puntos arriba de Zavala (Independiente), con 19.4 por ciento; Anaya (PAN, PRD y MC), se ubica en tercer lugar con 15.5 por ciento, mientras Meade (PRI) refleja un cuarto lugar con 11.8 por ciento. ¿Qué tal?