Opinión

Jesús Ortega Martínez

 

Satanás y los plurinominales

 

Parecería que las sociedades contemporáneas están regidas por la fuerza de lo racional y que el conocimiento científico hubiese avasallado, desde años atrás, con la ignorancia, las supersticiones, la barbarie que ensombreció durante siglos la vida de la humanidad. ¡Pero no!
La realidad de muchas naciones, de diversas sociedades y el comportamiento de ciertos individuos, no se desarrolla en los amplios márgenes de la civilidad, la democracia y la razón, sino en sentido contrario. Lo que observamos con gran alarma es una vuelta al pasado, un regreso al estrecho espacio de las creencias, un retorno a las tinieblas del oscurantismo. Lo que vivimos no es un proceso regenerador sino, francamente, degenerativo.
Las mitologías que habían sido ya superadas por el conocimiento y el saber, y contenidas sólo al análisis histórico o al estudio de las fábulas y las leyendas, ahora, en pleno siglo XXI, resurgen como falacias que encubren complejos procesos sociales o aparecen como repugnantes mentiras ante hechos naturales. Los sismos tienen explicación en la geología, no son venganzas de Lucifer.
Es penoso que el Papa, en una entrevista anterior a los sismos, diga: “Yo pienso que a México el diablo lo castiga con mucha bronca” porque la Virgen María “haya mostrado ahí a su hijo”.
O sea, dice el pontífice: “México es privilegiado en el martirio por haber reconocido, defendido a su madre”, señaló, enfático.
Esta visión sobre la vida no es piadosa ni generosa. ¡Es enormemente dañina para México!
Pero algo parecido sucede en el ámbito de la política, pues, ante el cataclismo, los daños, las muertes… había que encontrar, como lo hizo el Papa, a un culpable. Para Francisco I fue Satanás, para otros santos laicos, los responsables de la desgracia son... los partidos políticos.
Y entonces se elevaron los reclamos y, desde un coro gigantesco, se levantó un enorme cadalso mediático desde el cual se linchaba a los partidos, a los políticos y a la política. ¡Que desaparezcan los partidos; que no se permitan las campañas; que se termine con el financiamiento público; que no se realicen, nunca más, elecciones!
Y ante esa fiscalía de la moral política los acusados hicieron el mea culpa, al grado de que se incluyó en la pena la desaparición de los diputados de representación proporcional.
Me pregunto: ¿Y qué tiene que ver el sistema de representación del Congreso de la Unión con el movimiento y choque de las placas tectónicas en el subsuelo del planeta?
En realidad, nada, pero había que encontrar un culpable. Para unos fue el diablo, para otros... la política y los diputados plurinominales.
Habrá que volver a la razón y continuar tomando medidas para que los sismos (que continuarán) causen menos daño. Volver a la razón para introducir mejores normas en la construcción de edificios y casas en las zonas de riesgo; medidas enérgicas para terminar con la corrupción que solapa ilícitos como los del colegio Rébsamen u otros edificios siniestrados.

Volver a la razón para que en las próximas elecciones (¿habrán?) se democratice el poder político, lo que en verdad es solución ante los grandes problemas nacionales.