Pabilo Que Humea

Emilio Ramos Apreza

 

Otra vez, Pedro Urdemalas

Cuentan que cierto día, Jesucristo y sus discípulos iban por un camino rumbo a la ciudad para predicar el evangelio. Con ellos, caminaba Pedro Urdemalas, personaje muy dado a la flojera y el buen comer.
Ya muy entrado el día, Pedro pensaba en la hora en que el maestro hiciera un alto para ingerir sus alimentos, pues se sentía desfallecer de hambre. Caminaron aún un largo trecho antes de llegar hasta el pie de un cerro, para que al fin el Señor Jesús les dijera a sus discípulos: ¡Cada uno de ustedes coja una piedra y sígame! Pedro pensó para sus adentros: “Aparte de que nos tiene en ayuna, siendo la hora que es, todavía nos hace subir este cerro cargando una piedra.”
Todos los discípulos tomaron cada uno una piedra de regular tamaño, pero Urdemalas, a regañadientes, tomó una piedrecilla y con ella en mano, murmurando subió tras de ellos.
Al llegar a la cima del cerro, Jesucristo se apartó de todos para orar a su padre y después de esto volvió al grupo. Pedro, desesperado esperaba que el maestro echara mano de su morral y sacara los panes que siempre traía para repartirlo entre sus discípulos. Esta vez no fue así.
En tono sereno y cariñoso les dijo a todos: ¡Cada uno tome su piedra, que por la gracia de Dios se convertirá en pan, y será nuestro alimento! Todos hicieron lo que Jesús les indicó y a cada uno su piedra se le convirtió en pan, según el tamaño de la misma. Cuando Pedro vio su piedrecilla, maldijo mil veces el no haber tomado una piedra mayor y tuvo que conformarse con el pequeño panecillo en que su piedrita se convirtió.
Ese día, después de los alimentos siguieron su andar rumbo a su destino, y antes del anochecer, estaban de nueva cuenta al pie de un cerro mayor que el anterior. Por supuesto, Pedro Urdemalas no sólo estaba agotado, sino que también tenía mucha hambre. El Mesías, decidió hacer un alto y de nueva cuenta dijo: ¡Cada uno de ustedes coja una piedra y sígame! Todos hicieron lo mismo que la vez anterior recogiendo una piedra no muy grande ni muy pequeña, pero Pedro pensó de inmediato: ¡Ya sé! ¡Al llegar a la cima, Jesús va a decir que la piedra se convierta en pan para que comamos! Con este pensamiento en mente, buscó por los alrededores la piedra más grande que sus fuerzas le permitiera cargar, para subir con ella hasta lo alto del cerro.
Casi a punto de desfallecer por el esfuerzo, al último de todos, Pedro llegó a la cúspide del cerro… ansioso esperaba que Jesucristo regresara de orar para que diera la orden. Luego de unos minutos, que al hambriento Urdemalas se le hicieron eternos, el Señor se aproximó a ellos y esta vez echó mano a su morral y sacando unos peces y pan, los bendijo y repartió a sus discípulos para que comiesen.    

Para reflexionar

A todo aquel que procede a regañadientes y murmuraciones en su corazón en el cumplimiento a medias de un mandato de quien tiene autoridad para darlo, sin duda subirá la cuesta con una doble carga la siguiente vez, y sus pretensiones no serán tomadas en cuenta según sus planes, porque “si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida.” (Proverbio 24:10) Y también, “Por la pereza se cae la techumbre, y por la flojedad de las manos se llueve la casa.” (Eclesiastés 10:18)
Sin duda, el ejemplo de la piedra es una enseñanza perfecta de humildad y obediencia, de fe y honestidad. Muchas veces, Dios nos ordena cargar una piedra para probar nuestra obediencia, humildad, honestidad y fe en Él; después de esto, la recompensa será igual al tamaño de la piedra que conforme a nuestro corazón cargamos, y no conforme a nuestros propios intereses mezquinos. De nada sirve, pues, sacrificarse y cargar una piedra de gran tamaño por ambición, creyendo que Dios nos premiará según el tamaño del propio esfuerzo, y no conforme a nuestros pensamientos, que al fin de cuentas, es lo que muchas veces mueve al hombre a determinadas acciones. “El sacrificio de los impíos es abominación; ¡Cuánto más ofreciéndolo con maldad!” (Proverbios 21:27) “Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.” (Oseas 6:6)
Es por eso que debemos estar atentos a sus ordenanzas y prestos a hacer su voluntad, sacrificando a veces nuestra comodidad por fe y respeto hacia Él y no por la recompensa. “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” (Romanos 12:1.)
El hombre mundano, cuando toma una decisión respecto de algo o alguien, siempre valora los aspectos materiales y se basa en las cualidades externas de las personas; casi nunca en las cuestiones espirituales y calidad interna de cada quien. Para Dios, todo es diferente, ya que no ve lo material, sino que mira los corazones de cada uno de nosotros, y obra, según el sincero sentir del corazón de cada cual.
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice YHVH.” (Isaías 55:8)
Pedro Urdemalas, pensaba siempre de forma materialista y egoísta. Sus pensamientos eran sacar en su beneficio el mayor provecho posible, en tanto que Jesucristo, enseñaba a sus discípulos, a hacer la voluntad de Dios, y de no hacerlo habría que enfrentar las consecuencias. “Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes.” (Lucas 12:47)
Desde tiempos antiguos, se había dado ya la promesa: “A todos los sedientos, venid a las aguas, y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura.” (Isaías 55:1-2).
Jesucristo vino al mundo a pagar con su sangre el precio del perdón por nuestros pecados, y en su evangelio dejó en claro que cualquier esfuerzo humano es inútil para alcanzar la salvación y vida eterna que Dios ha prometido desde tiempos inmemoriales, y que no se lograría por obras, sino por gracia. “Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.” (Romanos 5:15).
Para finalizar, queda claro que ante la misma situación, Dios no siempre procede de la misma forma, ya que sus planes son perfectos y por lo tanto, mejores que los nuestros. “¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del todopoderoso?” (Job 11-7).

Del ejemplo de la historia, podemos resumir que: “Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; Más con los humildes está la sabiduría.” (Proverbios 11:2)